Érase una vez un príncipe que se quería casar con una princesa de un reino vecino, que era muy bella y muy buena, pero la madrastra de esta joven no quería que se casaran.
La princesa se llamaba Jazmín, tenía 16 años y se pasaba el día encerrada en palacio, ya que su madrastra no la dejaba salir y su papá no estaba en palacio para impedirlo. Él estaba arreglando un asunto del reino en otro país.
La princesa Jazmín tenía una hermanastra de su edad, que se llamaba Luisa, y que era muy fea y muy envidiosa.
El príncipe había escuchado hablar de la princesa Jazmín, siempre iba a pasear por el bosque hasta llegar a su palacio y la veía en los jardines sentada leyendo. Pero nunca podía llegar hasta ella porque la madrastra y su hija lo impedían.
La madrastra y su hija Luisa eran muy malas con la princesa Jazmín.
La princesa Jazmín dentro de palacio tenía una amiga, que era una de sus doncellas, se llamaba Marianita. Ella era la que acostumbraba a ir a comprar la comida para palacio.
Un día, el príncipe paseaba a caballo por el pueblo y vio a Marianita que estaba realizando su compra como de costumbre. Esta le comentaba a la tendera para quién era la compra, para que le diera lo mejor que tenía.
El príncipe, que se enteró de la conversación, espero a que terminara su compra para hablar con ella y pedirle que le ayudara a ver a la princesa Jazmín.
Marianita le dijo al príncipe que se llegara a media noche a un lago que había al lado del palacio y que allí la vería, ya que la princesa todas las noches iba allí para desahogarse.
El príncipe le hizo caso y a media noche se encontró con la princesa. Ella se encontraba en el lago llorando, él se acercó, le dijo que no llorara y le regaló una rosa roja.
La princesa se quedó prendada del príncipe, se secó las lágrimas y estuvo hablando con él. Este le comentó que siempre la buscaba pero que su madrastra y su hermanastra le impedían verla.
Los dos estuvieron paseando por el bosque y se divirtieron mucho. Pero ya estaba amaneciendo y ella tenía que volver a palacio antes de que se despertaran su madrastra y su hermanastra. Entonces se fue, quedando con él para la noche siguiente.
Por la mañana, la princesa Jazmín estaba muy contenta y la madrastra estaba un poco “mosca” ya que nunca la había visto así desde que ella llegó a palacio.
Entonces envió a la hija a seguirla durante todo el día para descubrir por qué estaba tan contenta.
La princesa, cuando llegó la noche, se puso muy guapa y se fue al lago para reencontrarse con el príncipe. Pero ella no sabía que su hermanastra la seguía.
La princesa se encontró con el príncipe y se fueron a pasear. Mientras, Luisa fue a avisar a su madre de lo que estaba haciendo Jazmín.
Cuando la princesa regresó se encontró a la madrastra en su alcoba, estaba muy furiosa y la encerró en la torre de palacio, le dijo que ya no saldría nunca más y que no vería más al príncipe.
La princesa se puso muy triste y pasaba las horas y las horas llorando en la torre.
Marianita iba a darle comida por una ventanita que había en la puerta de la torre. Entonces la princesa le pidió que a media noche fuera al lago a decirle al príncipe lo que le había ocurrido.
A media noche, Marianita fue y le comentó al príncipe lo que ocurría. Este, por más que intentaba visitarla, no podía acceder a palacio, ya que había muchos soldados alrededor para impedirle la entrada.
El príncipe, un día, se disfrazó de soldado e intentó pasar a palacio, pero fue descubierto por la madrastra.
Otro día se celebró un baile e intentó colarse entre los invitados, pero también fue descubierto.
Otro día despistó a un soldado e intentó escalar la torre, pero también fue descubierto.
La madrastra, harta de que el príncipe intentara entrar, aumentó la seguridad del palacio y puso unas vallas enormes con pinchos para impedir su entrada.
El príncipe ya no sabía qué hacer para poderla ver.
Mientras, ambos se enviaban cartas a través de Marianita y estaban muy tristes.
Después de un largo tiempo así apareció el papá de la princesa, por sorpresa.
El papá se puso al tanto de todo lo ocurrido. Sacó a su hija de la torre y expulsó a la madrastra y a la hermanastra fuera del reino.
Entonces la princesa se volvió a reencontrar con el príncipe.
El príncipe fue a palacio a pedirle la mano de la princesa Jazmín a su papá, este aceptó y se casaron.
Y vivieron felices y contentos.
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